EL DESPERDICIO ALIMENTARIO
Uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad a nivel mundial es el desperdicio alimentario.
Se trata de un problema con repercusiones a nivel económico, social y ambiental, y que además tiene un gran impacto en los consumidores, lo que nos lleva a tener que tomar una posición activa y responsable para evitarlo.
El desperdicio alimentario se produce en todas las fases de la cadena alimentaria. Muchos productos se pierden como consecuencia de las malas cosechas, bien por la utilización de métodos de cultivo poco eficientes, o por daños y pérdidas producidas por sequias o inundaciones.
En algunas ocasiones, las deficiencias en el transporte hacen que los alimentos no lleguen en condiciones adecuadas para la venta y tengan que ser desechados, pero también en muchas otras se eliminan de la distribución. Por ejemplo, productos como frutas y verduras son desechados simplemente por no cumplir con características estéticas y de tamaño cuando son perfectamente aptos para ser consumidas. Muchos supermercados retiran productos que están a la venta, por la proximidad a su fecha de caducidad, tirándolos a la basura, cuando todavía los mismos siguen estando en condiciones óptimas para su consumo.
Sin embargo, el desperdicio que nos toca más de cerca a cada uno de nosotros es el que se produce en nuestros hogares. Se calcula que en España cada hogar tira un 18% de la comida que compra, lo que supone unos 35 kilos por persona al año que van directamente al cubo de la basura.
La educación y concienciación como consumidores es la única solución para frenar este gran problema del que todos somos responsables. Es necesario hacer un esfuerzo importante en nuestro día a día, haciendo una compra consciente y realista, esto es, no cargándola de productos que al final sobren, que no puedan ser consumidos y tengan que ser desechados. Una organización semanal de las comidas y una lista de la compra pueden ayudarnos a evitarlo.
Apostar por los alimentos de kilómetro cero y productos locales y de temporada supondrá un beneficio para nuestra salud y un menor gasto para nuestro bolsillo.
Saber leer las etiquetas de manera adecuada nos permite distinguir por ejemplo entre una fecha de caducidad, esta es tras la cual el producto no es apto para el consumo, y una fecha de consumo preferente, que afecta a las propiedades del producto pero que no supone ningún riesgo para la salud.
Almacenar la comida de manera adecuada y congelar la sobrante son claves para evitar que los alimentos tengan que ser desechados. Reciclar y utilizar el contenedor de desechos orgánicos permitirá reducir el impacto ambiental que acarrea el problema del desperdicio alimentario.
Son múltiples las iniciativas que existen a nivel educativo con la finalidad de concienciar cada vez desde edades más tempranas sobre el problema del desperdicio alimentario, dando herramientas para reducir el mismo. Formarnos y ser conscientes de todo lo que hay detrás de tirar comida es esencial para cambiar y revertir la situación. En este tema pequeños gestos pueden hacer mucho por todos.
